Cuando Rem koolhaas, habla sobre la arquitectura de los suizos Herzog&de Meuron, en un artículo de Arquitectura viva, hace una reflexión de cómo estos arquitectos suizos han conseguido abrir un nuevo camino con sus edificios, a partir del lenguaje ambiguo, del saber oscilar o pasar de un extremo a otro, para crear una arquitectura creíble y sólida.
Es una reflexión sobre como llegar a realizar NUEVAS propuestas a partir de la indefinición, del utilizar conceptos diferentes y contrapuestos a la vez en el mismo proyecto o bien en proyectos diferentes. Negociar con el centro y la periferia, con lo sólido y lo frágil, con lo serio y riguroso pero al mismo tiempo ser capaz de parecer que no existe esa rigidez normativa, técnica, estructural (que realmente la hay en la escuela de Suiza, ya que el principio básico de la misma es la construcción para realizar arquitectura).
En un fragmento del artículo de Rem Koolhaas, se resume este concepto de lo NUEVO:
«The position between the progressive and the conservative, between explosion and control, explains perhaps why Herzog&de Meuron are a rare office able to deal with both the centre and the periphery, the old and the new, the modern and the traditional. They are always correct, always serious, but at the same time with a suggestion of danger. Together their paradoxical abilities explain their succes and critical popularity, their work makes architecture again believable».

©Imagen. Herzog&de Meuron. Tienda Prada en Tokyo, Japón. Proyecto de Herzog&de Meuron – foto Christian Richters. https://www.herzogdemeuron.com/projects/178-prada-aoyama/lightbox/20167/
Quizá esa sea una de las grandes lecciones de la innovación: lo nuevo nunca nace de la comodidad, del conformismo, sino del riesgo. Del «danger» del que habla Koolhaas. No del peligro físico, sino del riesgo intelectual de abandonar lo conocido, lo cómodo, lo seguro, la aceptación, el premio, la colectividad, la no marginación, la no crítica, para explorar un territorio donde todavía no existen certezas, no existen premios, no existe comodidad ni seguridad.
El conformismo produce estabilidad, buenas críticas, ascensos, premios… todo lo que nuestra sociedad considera éxito pero difícilmente produce cambio. Lo fácil suele ser cómodo porque repite lo que ya funciona; precisamente por eso es estéril para quien pretende crear algo diferente. Innovar exige aceptar la posibilidad de equivocarse, de ser criticado e incluso de ser incomprendido (la estrategia contra el cambio, lo nuevo, lo diferente, lo excelente que intenta silenciar: la incomprensión).
Las organizaciones y las sociedades pueden premiar a quienes no alteran el equilibrio establecido. Sin embargo, el progreso siempre ha dependido de personas dispuestas a cuestionar lo evidente. Muchas veces no son las buenas ideas las que fracasan, sino la resistencia de quienes prefieren conservar un modelo conocido antes que enfrentarse a la incertidumbre del cambio.
Crear algo nuevo exige valor. No para llevar la contraria, sino para imaginar una realidad distinta cuando todos los demás siguen mirando la misma.
Hace falta valentía para pensar diferente, coraje para sostener una idea en soledad, audacia para desafiar el consenso, determinación para no rendirse, firmeza para soportar la crítica, independencia para escapar de la mediocridad, perseverancia para seguir creando y libertad para no pedir permiso. Todo lo demás es repetición disfrazada de prudencia.
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