IDEAS EMPRENDEDORAS (2)- TRINITY COLLEGE (DUBLIN). El coste invisible de no premiar el talento

CIMG2387
Trinity College. Vista general del campus. © Imagen. Yolanda Muriel

La universidad Trinity College fue fundada en 1592 en Dublín por carta real de la reina Elizabeth I of England. En un inicio era exclusiva para estudiantes protestantes, pero a partir de 1960 se empezaron a admitir estudiantes católicos. Tiene un campus de 190.000 m2.

Los alumnos Becados (a partir del segundo año), por medio de unas Becas que la universidad proporciona a los estudiantes que obtienen Honores en los exámenes convocados para estas becas, son RECOMPENSADOS con una serie de derechos como son la percepción por parte del alumno Becado de un salario anual, una vivienda gratis en el campus y una comida cada día de la semana en el Comedor de los Comunes existente en el campus.

La fortaleza de este modelo no está únicamente en la recompensa, sino en el principio que protege: quien más aporta, más reconocimiento recibe. De esta forma, el talento deja de esconderse y la excelencia se convierte en referencia colectiva.

Tal vez por eso, en muchas estructuras actuales, la mediocridad termina imponiéndose con tanta facilidad: porque rara vez encuentra límites. Allí donde el esfuerzo y la capacidad no se reconocen, lo cómodo acaba desplazando a lo correcto, y quien exige rigor suele convertirse en un problema para quienes viven instalados en la complacencia.

Las sociedades, empresas e instituciones no mejoran eliminando el talento incómodo, sino premiándolo y protegiéndolo. Solo cuando el mérito tiene consecuencias reales, la mediocridad deja de ocupar espacios de poder de manera natural.

Los mediocres siguen ganando porque el mérito exige valentía para ser reconocido, mientras que la mediocridad solo necesita silencio, comodidad y personas dispuestas a mirar hacia otro lado. Porque la mediocridad rara vez necesita demostrar nada: le basta con adaptarse, protegerse entre iguales y evitar cualquier exigencia que eleve el nivel. El talento, en cambio, exige rigor, responsabilidad y compromiso. Y mientras las sociedades sigan premiando más la comodidad y mediocridad que el mérito, los mediocres seguirán encontrando espacio para imponerse. Solo cuando el esfuerzo tenga consecuencias reales —como en modelos donde la excelencia se reconoce y se protege— la mediocridad dejará de convertirse, por simple inercia, en norma y en poder.

 

 

Escultura Pomodoro frente a la biblioteca Berkeley
Escultura Pomodoro frente a la biblioteca Berkeley © Imagen. Yolanda Muriel

CIMG2386

© Imagen. Yolanda Muriel

Deja un comentario